“¿HASTA CUÁNDO SERÁ BOLIVIA UN PAÍS PRIMARIO-EXPORTADOR?”
Gary Antonio Rodríguez Álvarez (*)

A ponerse las pilas, señores, que lo que está pasando en el sector externo boliviano da cuenta de un déficit estructural que año a año viene medrando las Reservas Internacionales Netas (RIN) del Banco Central de Bolivia y éstas…¡no son infinitas!
Según información del INE, Bolivia cerró la pasada gestión con un nuevo déficit en su balanza comercial. El desbalance del 2019 bordeó esta vez los 900 millones de dólares, levemente inferior a los déficits de los dos años precedentes; sin embargo, se trata del quinto resultado negativo “al hilo”, resultado de que los dólares que entran al país por exportación no alcanzan para cubrir los dólares que gastamos para comprar varios miles de productos desde el extranjero.
Es lamentable decirlo, pero de nada valió el “superciclo” de precios altos para las materias primas que pudo cambiar la historia económica del país “sembrando el gas” en la diversificación productiva, ampliando la canasta exportadora y agregando valor a nuestros recursos naturales a través de la industrialización. Tal cosa no ocurrió, pudo más el hecho que Bolivia haya recibido cerca de 120.000 millones de dólares entre 2006 y 2019 solo por el crecimiento inercial de las exportaciones de bienes que ya se venía dando desde el inicio del auge en 2004, dando la sensación que todo iba bien, aunque no era así ya que desde la conclusión de la bonanza los indicadores económicos en 2014 no paran de caer.
¿Sabía Ud. que el superávit comercial acumulado en los últimos 5 años “neoliberales” (2001-2005) aportó a Bolivia 14 millones de dólares netos? Parece poco, pero es muchísimo más que el déficit por más de 5.000 millones de dólares acumulado en los últimos cinco años (2015-2019) bajando las RIN y el crecimiento del PIB.
Pero la preocupación no va solo por el lado de la caída de las RIN -que es una consecuencia- sino por la causa de tal disminución, algo que tiene que ver con una variable principalísima: el tipo de cambio. Es “vox populi” que el mismo está apreciado, que el Boliviano es artificialmente “fuerte” frente a un dólar débil, por causa del tipo de cambio fijo desde fines del 2011. Así las cosas, importar en Bolivia es cada vez más fácil y barato, mientras que producir y exportar acá es cada vez más caro y difícil. ¿El resultado? Déficit estructural por la suba de la importación y caída de la exportación.
Al bajón del valor exportado afectaron también la “normalización” de las cotizaciones internacionales hacia la baja al concluir el macrociclo de precios altos; la declinación de la producción en ciertos sectores (subida interna de costos) y la caída de la demanda externa (tal el caso del gas natural).
Triste historia la de este país primario-exportador que, pudiendo cambiar tal condición, no lo hizo: el 80% de lo que vende son recursos naturales extractivos no renovables sin valor agregado (minerales e hidrocarburos); tan solo 10 productos suman casi el 90% de sus ventas (además que el número de bienes exportados disminuyó de más de 1.000 ítems en 2005 a poco más de 750 en 2019) y en cuanto a mercados, más del 80% de sus ventas externas depende de tan sólo 10 países…¡vulnerabilidad extrema! ¿Increíble, verdad? Las cifras son oficiales, por si…

(*)
, Economista y Gerente General del IBCE
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